Los paraísos del capitalismo neoliberal

 

 Christian Orozco Suárez (@croschris92) es miembro de Economía Alternativa y estudiante del Máster en Economía Internacional y Desarrollo de la UCM

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Cuando los comunes mortales oímos la palabra paraíso, generalmente vienen a nuestra mente evocadoras imágenes bucólicas, de tranquilas aguas azul turquesa, y quizás alguno también imagine querubines tocando arpas entre nubes esponjosas. No obstante, los paraísos sobre los que nos disponemos a reflexionar aquí son menos idílicos, al menos para cierta parte de la población.

Los paraísos fiscales son unos edenes peculiares. Son territorios que ofrecen bajos niveles impositivos a las empresas que se ubican allí, y al mismo tiempo practican el estricto voto de silencio sobre sus propietarios, directivos y actividades que ejercen. ¿Hace falta ser muy bueno para entrar? No, lo único que se necesita es la inscripción de un representante legal que facilite la puesta en marcha de cualquier tipo de actividad oculta al público. En estas circunstancias, cualquier persona o familia acaudalada está en disposición de crear una sociedad offshore por un precio comprendido entre los cien y los trecientos dólares, y en un máximo de dos días puede mover ingentes cantidades de dinero, todo ello sin registros ni preguntas indiscretas.

¿Cómo nacen y quién los impulsa?

Si bien durante los ochenta Reino Unido y Estados Unidos fueron la vanguardia en el proceso de liberalización de las relaciones financieras, éste no tardó en extenderse en poco tiempo a nivel mundial. Más allá de la retórica que afirmaba que este paso generaría mayores niveles de eficiencia y crecimiento de la economía mundial, basada en el supuesto de que la libertad de movimientos de capitales generaría un mejor reparto de los recursos y reduciría los costes de transacción, podemos encontrar unos intereses de clase muy bien definidos: la liberalización fue impulsada por los grandes dueños del capital financiero, ansiosos por ampliar sus negocios a través de nuevos activos, nuevas operaciones, nuevos territorios por conquistar. Así pues, cualquier intento de establecer límites a su poder, restricciones financieras a sus intereses, o bien era denostado por una amplia pléyade de académicos, intelectuales y medios de comunicación a sueldo del capital financiero, o bien feligreses adeptos convertidos al nuevo dogma de la desregulación y la liberalización.

¿Están en el cielo?

No, geográficamente están en todo el mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, se pueden categorizar como paraísos fiscales los Estados de Delaware, Wyoming y Nevada. Del mismo modo, encontramos países soberanos como Suiza, Luxemburgo, Irlanda, Mónaco, Chipre, Andorra, Hong Kong, Singapur, Macao…Sin embargo, el mayor entramado de paraísos fiscales se origina y funciona en torno a la City de Londres. Cabe resaltar que Reino Unido presenta un régimen fiscal que exime de obligaciones tributarias a las personas domiciliadas en el exterior, aunque simultáneamente residan en el país, no estando obligadas a pagar éstas impuestos por los ingresos que no remitan al interior del Reino Unido. Los negocios financieros de la City fueron el faro que alumbró el surgimiento de los demás paraísos dependientes de la corona británica: Jersey, Guernsey, Isla de Man, Islas Caimán, Bermudas, Bahamas, Islas Vírgenes, Gibraltar y Hong Kong, que durante décadas estuvo bajo control británico.

¿Pero, de qué cifras estamos hablando?

Aunque no existen cifras exactas, las estimaciones que distintos organismos internacionales han realizado nos informan de que la riqueza escondida en estos edenes terrenales se encuentra en torno aun cuarto y un tercio del PIB mundial. Se ha estimado también que los flujos de capitales que fluyen anualmente por estos territorios son superiores a los seis billones de dólares, es decir, más de la mitad del comercio mundial, un tercio de las inversiones directas y un tercio de las transacciones financieras internacionales. Por ejemplo, podemos encontrar casos tan estrafalarios como el de las Bahamas, lugar en el que formalmente se ubican quince mil empresas transnacionales, lo que significa que por cada cuatro habitantes hay una transnacional; o el caso de las Islas Caymán, donde hay ochenta mil sociedades registradas, cuarenta mil habitantes y es el quinto centro financiero mundial.

En este sentido, no podemos afirmar que los paraísos fiscales sean “manzanas podridas” de la economía, territorios infames e indolentes con las arcas públicas de los otros Estados, o simplemente espacios geográficos díscolos y prostituidos del sistema. Son, por el contrario, instituciones fundamentales, imprescindibles y necesarias para el apuntalamiento del régimen económico actual, y son además la mejor garantía que el capital financiero posee para mantener su poder.

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Acerca de Economia Alternativa UCM

Estudiantes de la Facultad de Económicas y Empresariales de la UCM, luchando por una Economía plural y por nuestros derechos desde 1994
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